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| MTB 32 pulgadas | |
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| Contexto | Tras hablar con muchos desarrolladores de producto en la feria de Velofollies, quedó claro que las marcas han acelerado de verdad el desarrollo de las MTB 32 pulgadas. Ya no se trata de experimentos aislados ni de ideas puntuales: hay un plan industrial definido. |
| Hoja de ruta de la industria | 2026: prototipos compitiendo en Copa del Mundo. 2027: inicio de la comercialización. 2028: Juegos Olímpicos con bicicletas de 32 pulgadas, ya no como prototipos, sino como bicis de serie que cualquiera debería poder comprar en una tienda. |
| Percepción del usuario final | Desde el punto de vista del usuario, la sensación es distinta: parece que la evolución hacia las 32 pulgadas responde más a una necesidad de la industria de reactivar ventas (en un segmento que lleva años perdiendo fuelle) que a una demanda real de los bikers. |
| Por qué hablar con un experto | Precisamente por esa duda tenía sentido hablar con alguien metido en el barro técnico del tema, para entender qué hay detrás de la tendencia más allá del discurso comercial. |
| Entrevistado / enfoque | Conversación con Antón Cea, ingeniero independiente de bicicletas, para poner sobre la mesa los verdaderos retos técnicos a los que se enfrentan las marcas: sin marketing, sin titulares fáciles; ingeniería, compromisos y problemas reales. |
¿Las 32 pulgadas solo tienen sentido para ciclistas muy altos?
Una de las primeras preguntas que surgen es bastante lógica: parece evidente que una persona de 1,90 m o más va a encajar mejor en una bici de 32 pulgadas. Pero, ¿qué pasa con tallas más normales? ¿Con gente de 1,75, 1,70 o incluso con las tallas más pequeñas y con las chicas?
La respuesta corta es: sí, es posible hacer tallas pequeñas en 32 pulgadas. Pero aquí empiezan los matices importantes.
Antón lo explica desde dos enfoques distintos. Por un lado, el ergonómico: reach, stack, posición sobre la bici… todo eso se puede ajustar para que una talla siga siendo una talla pequeña. El problema no es llegar a las cifras objetivo, el problema es qué compromisos hay que asumir para conseguirlas.
Es decir, todo el mundo va a poder subirse y pedalear en una bici MTB 32 pulgadas. La verdadera pregunta es si alguien que hoy va cómodo y rápido en una talla M o L de 29 pulgadas se va a sentir mejor en una 32. Y eso, hoy por hoy, solo se podrá responder probándolas.
El gran cambio geométrico: el stack se dispara
Si hay una zona de la bicicleta que se va a ver claramente afectada por el paso a las 32 pulgadas, esa es el stack. Para refrescar conceptos, el stack es la distancia vertical entre el eje del pedalier y la parte superior de la pipa de dirección. Es lo que determina, en gran parte, lo “alta” o “baja” que se siente una bici.
Con ruedas de 32 pulgadas, el stack aumenta una media de unos 50 mm. Para que nos entendamos: cinco espaciadores de 10 mm. Una barbaridad.
¿Y por qué pasa esto? Por la combinación de varios factores:
BB Drop más bajo: al ser la rueda más grande, el pedalier tiene que bajar más respecto a los ejes.
Mayor axle to crown: la distancia del eje de la rueda delantera a la corona de la horquilla aumenta.
La pipa de dirección no puede acortarse indefinidamente: por razones estructurales, una pipa no puede bajar de ciertos valores (90 mm reglamentarios).
El resultado de todo esto es el fenómeno que ya estamos viendo en algunos prototipos: potencias ultra invertidas. Y aquí Antón es bastante claro: eso no es una solución elegante, es un parche. Un intento de devolver el manillar a donde “naturalmente” debería estar, pero limitado por estándares y rigidez estructural.
De hecho, una posible consecuencia de las 32 pulgadas podría ser la búsqueda de nuevos estándares de horquilla que permitan trabajar con pipas de dirección más cortas y controlar ese stack desbocado.
¿Cambiarán las cinemáticas y los recorridos de suspensión?
Otro de los grandes debates gira en torno a las suspensiones. ¿Volveremos a los 100 mm en cross country? ¿Las ruedas más grandes absorben tanto que ya no hace falta tanto recorrido?
Desde el punto de vista puramente cinemático, la respuesta es clara:
el diámetro de la rueda no cambia por sí mismo el antisquat, el antirise o el leverage ratio. Una bici MTB 32 pulgadas puede ser progresiva, regresiva o lineal igual que una de 29.
Lo que sí puede pasar, de forma indirecta, es que en tallas pequeñas el recorrido se vea limitado por una cuestión física: la rueda no cabe. Puede tocar el tubo del sillín o el propio sillín en compresiones completas.
A partir de ahí, entramos en terrenos mucho más específicos: trayectorias de rueda, axle path, diseños high pivot… Cada marca tendrá margen para definir su ADN y responder de manera distinta a estas preguntas. Y ahí es donde va a estar una de las partes más interesantes del desarrollo.
Transmisiones: ¿platos más pequeños?
En cuanto a transmisiones, el impacto es bastante moderado. A igual velocidad, una rueda de 32 gira un poco más lenta que una de 29. Ese “poco” se traduce, en la práctica, en bajar uno o dos dientes de plato.
Un ciclista que hoy use un 36T probablemente pasará a un 34T. Y quien lleve un 34T, a un 32T. No más que eso.
Donde sí podría haber cambios más profundos es en los estándares de eje, especialmente si se impone la necesidad de más rigidez en las ruedas. Ahí entra en juego el Super Boost, no solo por el ángulo de los radios, sino incluso por la posibilidad de alojar cassettes más anchos en el futuro. Pero, de nuevo, sería una consecuencia indirecta de la búsqueda de rigidez, no del desarrollo de la transmisión en sí.
El gran dolor de cabeza: ruedas, horquillas y neumáticos
Si hay algo que los ingenieros están repitiendo una y otra vez es que los mayores problemas de las 32 pulgadas no están en los cuadros, sino en los componentes.
Hoy en día hay muy pocos componentes desarrollados específicamente para 32 pulgadas. Y los que existen —horquillas, ruedas, neumáticos— están teniendo serios problemas para superar los test de rigidez y fatiga.
Radios que se rompen, bujes que no aguantan, neumáticos que destalonan o incluso se rajan sin impacto externo, simplemente por no tener estructura suficiente en los flancos. Esto pasa especialmente cuando un piloto rápido empieza a exigir de verdad la bici en apoyos fuertes y pasos por curva.
Aquí el mensaje es claro: no vale un copy-paste de las 29 pulgadas. Adaptar diseños existentes no es suficiente. Las ruedas de 32 van a necesitar soluciones propias, con su propia idiosincrasia.
Y esto conecta directamente con algo que ya vivimos cuando pasamos de 26 a 29: productos que salieron al mercado sin estar del todo maduros y que obligaron al consumidor a pagar varias evoluciones consecutivas.
El peso: el elefante en la habitación
El peso es otro de los grandes temas. No tanto el peso total de la bici, sino dónde se gana ese peso. Y en las 32 pulgadas, gran parte del aumento va a estar en la periferia de la rueda: llantas, neumáticos, radios. Es decir, justo donde más afecta a la inercia.
Más inercia significa más energía para acelerar y también para frenar. ¿A quién le importa menos esto? A los pros y a la gente muy fuerte. ¿A quién le puede afectar de verdad? Al usuario medio.
En un tope de gama, se habla de incrementos de 500–800 gramos. Pero cuando bajamos de gama, la cosa se complica. Bicis de aluminio que hoy pesan 14,5 kg en 29 pulgadas podrían irse perfectamente a 16 kg en 32. Y en gamas medias, pasar de 12 kg a 13,5 kg no es ninguna locura.
Aquí es donde surge una hipótesis muy interesante:
¿Y si las 32 pulgadas acaban quedándose en un nicho muy concreto, como bicis de XC de altísima competición, disponibles al público solo porque la normativa lo exige, pero no como una opción masiva para todos los riders?
La reflexión final: el poder real del usuario
El mejor escudo: conocimiento técnico
Por eso, el mejor escudo que tenemos como usuarios no es el hate ni el marketing. Es el conocimiento técnico:
Entender cómo funciona una bici
Saber qué aporta realmente cada cambio
Identificar qué compromisos hay detrás de cada decisión
No se trata de convertirse en ingeniero. Se trata de tener argumentos.
Para debatir con el cuñado del bar, sí… pero sobre todo para no tragarnos cualquier mensaje de marketing.
La parte más importante
Hay una sensación (bastante extendida) de que las marcas se han puesto de acuerdo en algún lugar oscuro para obligarnos a cambiar de bici. Spoiler: no funciona así.
Las marcas pueden lanzar propuestas, sí. Pero la validación final la tenemos nosotros.
El día que las tiendas se llenen de bicis de 32 pulgadas y entremos a comprarlas en masa, estaremos validando el concepto.
Si entramos, las miramos… y no las compramos, el concepto no tirará adelante, aunque técnicamente sea brillante.


